Sínodo Obispos Respuestas MFC al cuestionario


RESPUESTAS DEL MOVIMIENTO FAMILIAR CRISTIANO AL SÍNODO DE LOS OBISPOS, III ASAMBLEA GENERAL EXTRAORDINARIA: “LOS DESAFÍOS PASTORALES SOBRE LA FAMILIA EN EL CONTEXTO DE LA EVANGELIZACIÓN”.

1 – Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia en relación a la familia.

a) ¿Cuál es el real conocimiento de las enseñanzas de la Biblia, de la Gaudium et Spes, de la Familiaris Consortio y de otros documentos del Magisterio post-conciliar sobre el valor de la familia según la Iglesia Católica? ¿Cómo nuestros fieles son formados en la vida familiar según las enseñanzas de la Iglesia?
La formación de la enseñanza de la Biblia se recibe principalmente a través de las homilías y los distintos grupos parroquiales. Los documentos del Magisterio de la Iglesia son poco conocidos por los fieles, aunque los que sienten inquietud por la familia los han leído para orientar y ayudar a otros. La mayoría de los fieles son formados básicamente para la familia específicamente en los cursos prematrimoniales, ya que si anteriormente pertenecen a grupos de catequesis éstos suelen estar dirigidos a jóvenes y sus inquietudes y problemática, pero no son específicos de familia, por lo que haría falta incidir en la preparación remota para formar familias. Se cree que por pertenecer a una familia, todo lo sabemos, pero se puede caer en los errores ya conocidos sin saberlo, por lo que hay que formarse y los documentos de la Iglesia nos ayudan e iluminan. A través de la labor de diferentes grupos o movimientos familiaristas, sacerdotes, a través de la lectura de la Biblia y los anteriormente documentos eclesiales. También en estos últimos años se ha empezado a dar importancia a las nuevas tecnologías, redes sociales, diferentes medios de comunicación, con lo cual es una manera de que los fieles reciban mejor las enseñanzas de la iglesia.

b) Allí donde se conocen las enseñanzas de la Iglesia ¿son éstas integralmente aceptadas? ¿Se verifican dificultades para ponerlas en práctica? ¿Cuáles?
Depende del grado de madurez y formación, así como de compromiso de las personas. Si las enseñanzas son conocidas, su aceptación dependerá de la libertad de las personas. Sí existen dificultades para ponerlas en práctica, por cuanto que el medio es hostil: existe una cultura de la muerte arraigada y fomentada socialmente, no se valora la vida en su concepción, tampoco en su término, no se considera la virtud de la castidad, existe un asumido hedonismo, egoísmo, no impera el sentido de la trascendencia, no existe un compromiso para orientar a los hijos en la fe, tampoco el de la fidelidad en los matrimonios.

c) ¿Cómo se difunden las enseñanzas de la Iglesia en el contexto de los programas pastorales a nivel nacional, diocesano y parroquial? ¿Qué catequesis se ofrece sobre la familia?
A nivel individual: es necesario pertenecer a un grupo católico con carácter familiar para crecer en este aspecto, ya que ser católico de misa exclusivamente empobrece al practicante
pues no le invita a crecer en familia, donde la fe individual de cada miembro tiene que hacerse comunidad y ayuda a crecer a toda la familia a la vez. A nivel de Parroquia:, desarrollando en catequesis las enseñanzas de la Iglesia. Catequesis de primera comunión de niños, de postcomunión, de confirmación, de padres y de adultos, entre otras. A nivel Diocesano: Asumiendo los distintos grupos familiaristas las directrices dadas a nivel nacional. A nivel Nacional: Delegación de la Familia, y distintos movimientos familiaristas. La difusión parece descoordinada, gran parte del éxito en la difusión depende de personas concretas, si estas fallan se deteriora la difusión. La catequesis orientada a la familia es muy escasa y está centrada en la preparación para la recepción de los sacramentos.

d) ¿En qué medida – y en particular en relación a qué aspectos – dichas enseñanzas son realmente conocidas, aceptadas, rechazadas y/o criticadas en ambientes extra eclesiales? ¿Cuáles son los factores culturales que obstaculizan la plena recepción de las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia?
Si no se conocen en ambientes eclesiales, fuera de la Iglesia lo son todavía menos. Hay gran unanimidad en los ambientes extra eclesiales en criticar negativamente la moral sexual y familiar enseñada por la Iglesia.
-Los factores culturales invitan a cualquiera a realizar y juzgar a nuestra familia y nuestros actos en favor del modelo de vida fácil, individualista, cómoda y consumista que pretenden imponer, tachando todo aquello que requiera esfuerzo y sacrificio, que suele necesitar nuestra familia para crecer unida y en general las ideas impuestas por una ideologización de género fomentada en instituciones públicas de manera generalizada.

2- Sobre el matrimonio según la ley natural

a) ¿Qué lugar ocupa el concepto de ley natural en la cultura civil, tanto a nivel institucional, educativo y académico, como a nivel popular? ¿Qué visiones antropológicas se dan por sobrentendidas en el debate sobre el fundamento natural de la familia?
A nivel popular un hombre y una mujer sí buscan unirse en un principio para toda la vida y formar una familia estable. A nivel institucional, hay instituciones que están totalmente en contra e intentan imponer su ideología al resto de la sociedad, otras instituciones muestran pasividad (que cada cual haga lo que quiera), salvo la institución de la iglesia que está a favor de la ley natural. – Compromiso para toda la vida. – Procreación. – Libertad a la hora de elegir a la pareja. – Valor de la familia como algo sólido. – Hijos en un ambiente de seguridad.

b) ¿Es comúnmente aceptado, en cuanto tal, el concepto de ley natural en relación a la unión entre el hombre y la mujer, de parte de los bautizados en general?
Sí, todo hombre y mujer, por lo general desean que alguien les ame para toda la vida y formar una familia estable.

c) ¿Cómo es contestada, en la práctica y en la teoría, la ley natural en lo que respecta a la unión entre el hombre y la mujer en vista de la formación de una familia? ¿Cómo es propuesta y profundizada en los organismos civiles y eclesiales?
En la práctica y en la teoría no se cumple la ley natural ya que incluso antes del compromiso entre el hombre y la mujer se tiene presente la posible ruptura de dicho compromiso. Organismos civiles: lo que propone es que todo está permitido, todo vale. Si te quieres unir, te unes. Si te quieres separar, te separas. Si quieres unirte con personas del mismo sexo también puedes. Organismos eclesiales: a favor de la ley natural.

d) ¿Cómo afrontar cuando bautizados no practicantes o que se declaran no creyentes, piden la celebración del matrimonio?
A LOS BAUTIZADOS NO PRACTICANTES: exigirles que estén confirmados, y que realicen una formación previa, que les sirva de reflexión, como Cursillo de Preparación al Matrimonio, etc.
A LOS QUE SE DECLARAN NO CREYENTES, ponernos en plano positivo, ofreciéndoles nuestra fe, para que se bauticen, practiquen los sacramentos y luego se preparen igual que los anteriores para el matrimonio cristiano. Y en plano realista, si esto no se acepta, no se les puede dar este sacramento ¡PORQUE ES UN SACRAMENTO! y no una mera formalidad que hace muy bonito y puede ser muy pomposo, pero que es una mentira. Y la mentira es lo contrario de la verdad, y si no hay verdad no hay amor, y si no hay AMOR ¿para que se quieren casar? Ya sería pedir mucho, que por parte de la jerarquía y de los seglares, hubiera un compromiso de seguimiento y acompañamiento de estos matrimonios. Aparte de esto, creemos que debiera haber una unificación por parte de la jerarquía, para que los sacerdotes fueran a una, y no hiciera cada uno lo que quiera. Porque se pide unión de las iglesias y no nos ponemos de acuerdo entre nosotros. Unos dicen que los casan sin más porque ¡pobrecitos! Dios está con todos, pero ¡esto no tiene nada que ver con casarse por el sacramento cristiano! etc.

3 – La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización

a) ¿Qué experiencias han sido maduradas en las últimas décadas en orden a la preparación al matrimonio?
Con los cursos prematrimoniales se ha tratado de llevar a la conciencia de las parejas que iban a contraer matrimonio religioso, que éste no es un acto social o para contentar a las respectivas familias, sino que es un sacramento y como tal lleva a unos compromisos, como son reflejar el amor de Dios dentro de nuestra vida de casados y la enseñanza a nuestros hijos en el contexto de iglesia doméstica.
¿Cómo se ha tratado de estimular la tarea de evangelización de los esposos y de la familia?
A través de la pastoral familiar de la diócesis, en catequesis de niños y padres, implicando a los padres, en catequesis familiares.
Tratando de promover en los padres y en las familias la necesidad de catequesis continuadas y formativas durante toda la vida. Mediante la inquietud por la formación religiosa, ya que carecer de ella nada ayuda para tal fin. Tratando de llevar una vida coherente por parte de los padres con su fe en la práctica diaria.
¿En qué modo se puede promover la conciencia de la familia como “Iglesia doméstica”?
Hay que fomentar entre los jóvenes la convicción que el deseo de triunfar no está en contra del Evangelio siempre que se busque con un trabajo honrado.

b) ¿Se ha logrado proponer estilos de oración en familia, que sean capaces de resistir ante la complejidad de la vida y de la cultura actual?
Hemos intentado la oración en familia con los hijos pequeños, no siempre con la necesaria constancia, con el propio convencimiento, o con la propia necesidad vital de los padres. Se ha mantenido una lucha con tiempos de mayor fervor o de mayor tibieza. Los hijos al ir realizando sus propias vidas con los horarios independientes y su búsqueda personal distinta de la de los padres no han seguido el patrón familiar, ni una oración en común cada día, salvo bendición de la mesa, etc. Los padres observamos que nuestros hijos valoran vernos con ellos (quererlos sin poner condiciones) y nuestra congruencia de vida, más que otros valores, en orden a aceptar como verdad de vida el evangelio para sí mismos. Los propios padres estamos en nuestro propio momento de conversión. La difícil complejidad de vida actual, ya se inició en nuestra propia vida, la de los padres. Parece que estos hijos tienen ellos que descubrir y esperar su propio encuentro con Jesús y con Dios. El entorno no ayuda mucho y eso exige más decisión por su parte, pero creemos que el referente de sus padres está ahí (con todas sus limitaciones).

c) ¿En qué modo las familias cristianas han sabido realizar la propia vocación de trasmitir la fe en la actual situación de crisis entre las generaciones?
Creemos que las formas que hemos empleado para trasmitir la fe han agotado su eficacia y que por lo tanto no son válidas para las nuevas generaciones. Los cambios sociales han superado los buenos deseos y buena voluntad. Ante una cultura nueva habría que buscar fórmulas nuevas. Como resumen a esta pregunta creemos que muchas familias cristianas han tratado de trasmitir la fe con toda su buena voluntad y según sus posibilidades. Siguiendo en esta línea, bautizamos a nuestros hijos con la convicción profunda de una fe sólida y recibieron los sacramentos de la comunión, de la confirmación y el sacramento del matrimonio. Quizás hemos querido que nuestros hijos vivan una fe con las mismas fórmulas que a nosotros nos fueron válidas, inculcándoles el respeto y el amor como coordenadas básicas de las relaciones familiares, e incluso no habernos actualizado y evolucionado nosotros mismos a la vista de nuevos conocimientos de la ciencia y la religión y no haber mantenido firmes y claras actitudes ante el avance de la incredulidad en la sociedad actual, de la que quizás nos hemos contagiado. Las familias han procurado con su ejemplo y su palabra impregnar de su fe a sus hijos, aunque el ambiente social, los centros de enseñanza, los medios de comunicación, los ambientes de amistad no han colaborado en esa misma dirección. La catequesis y el ejemplo no han sido suficientes para superar el ambiente con firmeza y la
actuación de los hijos no es doctrinalmente próxima a la Iglesia, aunque pretende ser coherente humanamente. Podemos considerar que no hemos tenido éxito en la consecución de nuestro objetivo, que nuestros hijos practicaran y vivieran cercanos a la ortodoxia doctrinal.

d) ¿De qué manera las Iglesias locales y los movimientos de espiritualidad familiar han sabido crear caminos ejemplares?
Los movimientos familiares mantienen la llama viva de la familia cristiana y ayudan a los novios en su preparación y a los esposos en sus vidas matrimoniales y en la educación de los hijos. Se han dado pasos, a través de los pequeños grupos como: MFC, Neocatecumenales, Escuelas de padres, Grupos de oración… todos ellos contribuyen a crear caminos ejemplares.

e) ¿Qué aporte específico han logrado dar los matrimonios y las familias, en orden a la difusión de una visión integral del matrimonio y de la familia cristiana, que sea creíble hoy?
Con su fidelidad y compromiso le dan un soporte duradero, fuerte e integrador. Gracias a la familia, muchos de los hogares de hoy siguen siendo portadores de paz y concordia y por eso se hace creíble, a pesar de que lo bueno no es noticia.

f) ¿Qué atención ha demostrado la Iglesia para sostener el camino de los matrimonios en formación y de aquellos que atraviesan por una crisis?
– La Iglesia siempre ha sido ámbito de escucha – A través de los centros de orientación – Los cursos de preparación al matrimonio Las Parroquias deberían dar a conocer más todos los servicios, ayudas y cursos de formación que se realizan en las Diócesis. No se ha trabajado bien la ayuda en grupo a parejas en situaciones difíciles, sólo individualmente.

4.- Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales difíciles

a) ¿Es una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular la convivencia ad experimentum? ¿Es posible estimar numéricamente un porcentaje?
La convivencia ad experimentum es un hecho cada vez más extendido entre los creyentes y los no creyentes. Hoy día, puede estar cerca de un 60-70 % entre los que no han pensado unirse mediante el sacramento del matrimonio, pero no muy alejado (quizás un 30-40 %) entre los creyentes. Sí es una realidad en la Iglesia y creemos que el porcentaje es directamente proporcional a la bajada de matrimonios celebrados en los últimos cinco años en las Diócesis.
Sinceramente, creemos que no existe dentro de la Iglesia la pastoral adecuada en estos casos, sino que, en general, se hacen oídos sordos ante esta situación, como si no existiera, lo cual puede ser un error importante. Sería conveniente estudiar las circunstancias de cada caso para valorar y orientar el amor que une a estas parejas, sobrepasando el aspecto de la relación sexual que, por otra parte, puede ser la misma que en los casos en que no haya convivencia. Creemos que es necesaria una preparación mucho más fuerte para la recepción del Sacramento, quizás relacionándolo por la edad con una mejor pastoral juvenil o, incluso, con movimientos eclesiales de tipo familiarista.

b) ¿Existen uniones libres de hecho, sin reconocimiento religioso ni civil? ¿Hay datos estadísticos confiables?
Por supuesto que existen numerosos tipos de estas uniones tanto entre personas solteras como en aquellas que previamente han estado unidas “oficialmente”. También son cada vez más frecuentes entre quienes no quieren adquirir ningún compromiso estable, por el egoísmo de la sociedad actual, etc. Desconocemos las cifras estadísticas, pero cada vez son más frecuentes, considerándose ya como nuevos tipos de familia.
En nuestro entorno hay muchas parejas que comienzan el noviazgo y deciden en algún momento “irse a vivir juntos”, lo que es pasivamente aceptado por las familias diciendo “que estamos en otros tiempos”. Existen registros de uniones de hecho en las delegaciones de servicios sociales y ayuntamientos, aunque no creo que todas se inscriban en dichos registros. Quizás sea más fiable el dato ofrecido por el Instituto Nacional de Estadística a nivel nacional. Estas parejas buscan el reconocimiento civil cuando creen que puede beneficiarle en algún aspecto, especialmente si hay algún hijo. Muchas se rompen y los miembros de la pareja vuelven con su familia o establecen una nueva relación con otra persona.

c) ¿Son una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular los que están separados y los divorciados casados de nuevo? ¿Cuál es el porcentaje numéricamente estimable? ¿Cómo se enfrenta esta realidad a través de programas pastorales adecuados?
El tema de los separados y divorciados casados de nuevo es de especial importancia, entre otras cosas, por su elevado número y por el aumento de su frecuencia, así como por la diversidad de situaciones en que ocurre. En este sentido, habría que distinguir al menos jurídicamente entre los casados civilmente de nuevo y los que optan simplemente por la cohabitación. En cualquier caso, creemos que son muy insuficientes los programas pastorales dirigidos a estas situaciones, ya que no pueden quedar reducidos a ayudarles a no considerarse separados de la Iglesia y a otros consejos. La Iglesia tendría que replantearse, o crear, sus programas pastorales en relación a la nulidad de los matrimonios canónicos, siendo más abiertos, teniendo más comprensión con cada caso y facilitando a la sociedad mucha más información. Se desconocen programas pastorales adecuados para las personas en estas situaciones.

d) En estos casos: ¿Cómo viven los bautizados su irregularidad? ¿Son conscientes de ella? ¿Manifiestan simplemente indiferencia? ¿Se sienten marginados y viven con sufrimiento la imposibilidad de recibir los sacramentos?
Según observamos, los bautizados viven sus irregularidades matrimoniales de forma muy variada, según su grado de fe y de integración en la Iglesia, aunque creemos que, entre los verdaderos creyentes, predomina la de seguir considerándose plenamente dentro de la Iglesia, sin vivir con sufrimiento la imposibilidad de recibir los sacramentos.
Se perciben dos realidades: 1) los que no practican los Sacramentos y esta situación les hace sentirse aún más alejados o con rebeldía. 2) los que, habiéndose visto abocados a esta situación por motivos más o menos justificados, o bien les hace sentirse dolidos y rechazados por la Iglesia y no se atreven a acudir a ella porque les va a recriminar y condenar su situación. O piensan que han llegado a esa situación por motivos justificados y que Dios no les va a rechazar en esos momentos en que más necesitan de Él y no se apartan de los sacramentos. Es importante que se sientan acogidos por comunidades o grupos.
Consideramos clara la creciente indiferencia hacia la doctrina oficial de la Iglesia mostrada por la mayoría de los creyentes y, especialmente, sobre la separación de la comunión eucarística.

e) ¿Qué piden las personas divorciadas y casadas de nuevo a la Iglesia a propósito de los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación? Entre las personas que se encuentran en estas situaciones ¿cuántas piden dichos sacramentos?
Como acabamos de señalar, creemos que aumenta la indiferencia ante la aplicación práctica de la doctrina oficial. Respecto a la Eucaristía, ellos mismos y gran parte de los pastores creen llegado el momento de eliminar la “praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casen otra vez” (FC, nº 84). Se trata de una praxis para la que no se observan claros fundamentos en la Sagrada Escritura, por lo que la Iglesia, adaptándose a los signos de los tiempos, puede y debe modificar lo que solamente es una “praxis”. Por otra parte, uno de los motivos pastorales aducidos, “la inducción a error y confusión acerca de la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio” no tiene mucho sentido, ya que con una adecuada catequesis y formación podría ser fácilmente evitada.
En cuanto a la reconciliación en el sacramento de la penitencia, también podría ser eliminada su prohibición y, muy especialmente, la cláusula eximente de “asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea, de abstenerse de los actos propios de los esposos” (Cf. Nota 180 de FC, nº 84).
En cualquier caso y con independencia de la doctrina expresada en una Encíclica, creemos que son mayoría las personas de buena fe que, encontrándose en estas situaciones llamadas irregulares, siguen considerándose miembros activos de la Iglesia y recibiendo los sacramentos. De ahí que, una vez más, se siga pidiendo un estudio riguroso de estas situaciones y un cambio profundo en la doctrina correspondiente. Estas personas piden apertura, cercanía, comprensión, ayuda, consejo adecuado, etc. para no sentirse marginados por la Iglesia deseando que se les ayude en su situación personal.
Desconocemos cuántas personas en estas situaciones piden recibir los Sacramentos para ellos o para sus hijos, aunque todos conocemos casos concretos de ello.

f) ¿Podría ofrecer realmente un aporte positivo a la solución de las problemáticas de las personas implicadas la agilización de la praxis canónica en orden al reconocimiento de la declaración de nulidad del vínculo matrimonial? Si la respuesta es afirmativa ¿en qué forma?
Más que la agilización de los procedimientos de nulidad, que también, serían las exigencias y concienciación a la hora de recibir el Sacramento del Matrimonio para que no sea nulo ya desde su celebración, que es lo que ocurre en una importantísima mayoría de los casos. Problema al que no son ajenos los pastores de la Iglesia. No conocemos que exista una pastoral que acoja, atienda y oriente a separados, divorciados, etc., a nivel diocesano o nacional. El apoyo que reciben de la Iglesia en su camino de fe depende del pastor y la comunidad eclesial con los que tenga la suerte de relacionarse.
Es necesaria una profunda revisión de la doctrina sobre la separación de los cónyuges y la convalidación del matrimonio, siempre bajo el prisma de la apertura, cercanía, comprensión, ayuda y consejo.

g) ¿Existe una pastoral orientada a la atención de estos casos? ¿Cómo se desarrolla esa actividad pastoral? ¿Existen al respecto programas a nivel nacional y diocesano? ¿Cómo es anunciada a los separados y a los divorciados casados de nuevo la misericordia de Dios? ¿Cómo se pone en práctica el apoyo de la Iglesia en el camino de la fe de estas personas?
En general, la pastoral orientada a la atención de estos casos es muy deficiente. Como hemos defendido en numerosas ocasiones, la formación de los fieles creyentes, especialmente de los laicos implicados directamente en estos casos, es una de las grandes deficiencias de nuestra Iglesia actual, tanto a nivel parroquial como diocesano y universal. Entre otras cosas, sería necesario establecer los cauces para una suficiente participación de los laicos en los programas pastorales, ya que sin esta participación no puede existir una verdadera comunión eclesial.
Algunos movimientos familiares aceptan en sus grupos o equipos a personas en tal situación pero no se saben los resultados. Los separados y divorciados que antes de su situación pertenecían a algún grupo o equipo, a menudo, siguen formando parte del mismo, aunque con sus dificultades.
La puesta en práctica es muy personal: cada párroco, sacerdote o personas que ponen en práctica esa posible y necesaria pastoral deben aunar criterios para que la voz de la Iglesia sea la misma en todos los casos.

5 – Sobre las uniones de personas del mismo sexo

a) ¿Existe en el país una ley civil de reconocimiento de las uniones de personas del mismo sexo equiparadas, de algún modo, al matrimonio?
Sí, efectivamente se promovió y apoyó por el PSOE siendo presidente Rodríguez Zapatero. Se dice que la unión civil es uno de los términos usados para un estado civil similar al matrimonio, creados específicamente para permitir el acceso de parejas homosexuales a la mayor parte de las ventajas de las parejas heterosexuales casadas. El primer año se celebraron en España 4.500 uniones de este tipo, siendo hasta finales del 2011 un total de 23.523. El 56% de los encuestados está a favor de que a estas uniones se les llame matrimonio.
En España, existe un reconocimiento legal de la unión homosexual como matrimonio. Es la siguiente:
Ley del Matrimonio entre personas del mismo sexo. Ley 13/2005 de 1 de julio, por la que se modifica el código civil en materia de derecho a contraer matrimonio. Artículo 44 del código civil: El hombre y la mujer tendrán derecho a contraer matrimonio conforme a las disposiciones de este código. El matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo. Entró en vigor el 3 de julio de 2005. La aprobación de la Ley suscitó la oposición de la Iglesia Católica. Una encuesta celebrada el año 2011 realizada en España reveló que un 56% de los ciudadanos se mostró a favor de que la unión entre personas del mismo sexo se denomine matrimonio y de que puedan adoptar hijos.
También existe el RD legislativo 1/2011 de 22 de marzo del Gobierno de Aragón por el que se aprueba con el título de código del derecho foral de Aragón, el texto refundido de las leyes civiles aragonesas, título VI las parejas estables no casadas.
Sí; matrimonio homosexual totalmente equiparado al matrimonio heterosexual.
Sí, pero no aceptamos que se llame matrimonio, sino unión de hecho homosexual.

b) ¿Qué actitud asumen las Iglesias particulares y locales ante el Estado civil, promotor de uniones civiles entre personas del mismo sexo, y también ante las mismas personas implicadas en este tipo de uniones?
La Iglesia no lo admite pero lo respeta. Son toleradas pero no aprobadas, porque están fuera de la doctrina de la Iglesia. Existe una acogida a las personas tratando de comprender pero no justificar. Los cristianos no hemos tomado conciencia real de las consecuencias de estas leyes. Los pastores y la comunidad eclesial se preocuparán de conocer tales situaciones y sus causas concretas, caso por caso, acercándose con discreción y respeto a los que se acerquen a la Iglesia, empeñándose en una acción de iluminación paciente, de corrección caritativa. Se cuestiona qué es lo que peor ve la Iglesia. O que se llame a estas uniones matrimonio o a las uniones en sí mismas. La adopción por parte de estas parejas nos parece inaceptable al igual que la adopción o maternidad por parte de madres solteras que no piensan casarse, porque falta en ambos casos la figura paterna o materna.
La Iglesia hizo manifestaciones en contra de la ley, pero con el paso del tiempo hemos caído en la rutina y pasividad.
No estamos de acuerdo con el concepto de matrimonio, se tolera porque el Estado no legisla sólo para cristianos, pero los cristianos tienen que ser fieles a la doctrina de la Iglesia y llamarlo “unión”.
Con respecto a la segunda parte de la pregunta, sólo nos queda tener comprensión porque son hermanos nuestros.
Las Iglesias particulares y locales han manifestado en todo momento su oposición al reconocimiento legal de la unión homosexual como matrimonio.
La actitud de las Iglesias particulares y locales es firme de rechazo y oposición respecto a esta ley por equiparar al matrimonio.
Las iglesias particulares asumen una actitud de evangelizar la cultura y tradiciones cristianas, en los círculos parroquiales y a través de movimientos cristianos, llegando a todas las familias con independencia de la casuística de cada una de ellas. No llegándose a pronunciar al respecto al menos públicamente, pero con un profundo respeto a la pluralidad existente.
La Comisión Episcopal y los obispos protestaron ante la ley, porque se le llame matrimonio, que no lo es, lo que supone un ataque al verdadero matrimonio y a la Familia tal como la entendemos nosotros.
En el año 2003, la congregación para la doctrina de la fe, publicó con el consentimiento del Papa Juan Pablo un documento titulado:
“Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”. Tras recordar las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio, afirma que no se puede establecer una analogía entre el designio divino sobre el matrimonio y las uniones homosexuales que irán contra la ley natural. Asimismo recuerda la condena que existe desde la Sagrada Escritura sobre los actos homosexuales. Invita a los políticos católicos a oponerse clara e incisivamente ante cualquier intento de reconocer legalmente las uniones homosexuales. La jerarquía de la Iglesia Católica y los sectores más conservadores católicos han mostrado una gran falta de comprensión y sentido cristiano hacia estas uniones con sus manifestaciones y opiniones a la sociedad.
La Iglesia los respeta y si fueran a la Iglesia deberían aceptarlos, como personas, no en su estado o situación. En estas uniones hay también separaciones y en general falta de felicidad porque es frecuente que haya mucha violencia doméstica.
Los matrimonios católicos debemos hacer que resplandezca nuestra felicidad y nuestra alegría.
Actitud de respeto a la política del Estado, pero no participando en ella por ser contraria al amor de Dios. En cuando a las personas, de respeto.
Manifestar su rechazo a nivel personal, de comprensión pero sin participar de los sacramentos.

c) ¿Qué atención pastoral es posible desarrollar en relación a las personas que han elegido vivir según este tipo de uniones?
Primero el testimonio del matrimonio de los cristianos vivido como establece la Iglesia y segundo denunciar las consecuencias degradantes para las personas del mismo sexo unidas en matrimonio y para los hijos en caso de adopción. La Iglesia ha de hacerse presente en estas situaciones que requieren el consejo, apoyo y discernimiento. Hay que acoger a todos para que ninguno deje de experimentar la cercanía y apoyo de la comunidad eclesial. Se ha de cuidar de la presencia de agentes de pastoral matrimonial especialmente cualificados y con una formación íntegra en el conocimiento de la doctrina de la Iglesia en estos puntos. Debemos acercarnos a nuestros hermanos desde la misericordia, acogiéndolos y saliendo a su encuentro, ofreciéndoles la ayuda necesaria, alentándoles a que permanezcan unidos a la comunidad y practicar su fe sin alejarse de los demás hermanos.
Es preciso recordarles las enseñanzas de la Iglesia al respecto pero al mismo tiempo manifestar su amor a las personas y el respeto a su decisión a vivir según este tipo de uniones.
Aceptarlos aunque no estemos de acuerdo y evangelizarlos si ellos lo permiten.
Prestar asistencia a todos los que viven una situación matrimonial especial, pero también a los que siguen el modelo tradicional de familia, sin menosprecio de ninguna de las anteriores. Hay que desarrollar un trabajo cercano que refleje la misericordia de Dios, que haga sentir la necesidad que tenemos de su ayuda para poder realizar la misión de cada familia, el proyecto que Dios tuvo en su mente para todas sus familias, cuando nos creó. En definitiva, un mismo patrón para todas las familias, pero adecuado a cada caso específico, para cubrir cada necesidad.
Desde luego anunciar el Evangelio, e intentar que corrijan esa forma de vida aun siendo difícil. Esa llamada de atención tiene que realizarse de una forma probada e individual y posteriormente de forma pública, no incriminatoria. La atención pastoral tiene que ser la misma que al resto de la comunidad, cercanía, comprensión, diálogo, respeto.
Hay muchos homosexuales cristianos que se sienten plenamente creyentes y que viven su fe como cualquier bautizado con enormes dificultades para integrarse dentro de una Iglesia que como institución no admite la situación en que se encuentran. La comunidad cristiana y cada uno de sus miembros, aun reconociendo esta situación como objetivamente desordenada, deberían de abstenerse de juzgar la intimidad de las conciencias, pues tal juicio pertenece solo a Dios. La Iglesia no puede abandonar a estas personas y debería de mostrar una actitud de cercanía y acompañamiento tratándoles con amor fraterno, animándoles a conservar viva su fe dejándose iluminar por la Palabra y la doctrina de la Iglesia y a encarnar en su vida todos los valores evangélicos que, según la suprema ley de la caridad les resulte posible en su situación. La caridad pastoral exige de la comunidad cristiana y, en especial de los pastores que no se abandone a estos fieles, porque un alejamiento total de la vida cristiana les perjudicaría todavía más en su situación.
Ser respetuosos con ellos, orar por ellos, dialogar, atenderlos en sus necesidades y orientarlos, si se puede, hacia la realización de su propia personalidad como hijos de Dios.

d) ¿Cómo habría que comportarse pastoralmente, en el caso de uniones de personas del mismo sexo que hayan adoptado niños, en vista de la transmisión de la fe?
Son situaciones realmente difíciles ya que se les priva intencionadamente del padre o de la madre, que son ambos necesarios para un buen desarrollo psicoafectivo. En cuanto a la transmisión de la fe, tendríamos que partir del nivel de fe que tienen los padres adoptantes y de la voluntad que tengan en educarles y transmitir la fe.
Exactamente igual que al resto de los niños. San Pablo nos dijo: todos somos coherederos.
Hay que dar ejemplo como modelo de familias cristianas, pero no discriminado, ayudando a todas las familias a cumplir su misión de llegar a ser una pequeña comunidad de vida y amor, intentando superar diferencias, prevenir problemas y situaciones diversas.
La fe transmitida aunque sean personas de igual o distinto sexo, siempre será la misma fe, otra cosa es la visión de la Iglesia. Las parejas de hecho, parejas de homosexuales, dudamos que estén a favor o de acuerdo con lo que la Iglesia promulga, dado que ambos puntos de vista son radicalmente diferentes.
Buscar y realmente responsabilizar unos buenos padrinos para el bautismo.
Lo primero que se debería de considerar es que los niños no deben sufrir las consecuencias de las decisiones que hayan tomado sus padres. Por otro lado, creemos que el reconocimiento de que hay distintos tipos de familia cristiana es un proceso que la Iglesia debe emprender cuanto antes con el fin de poder dar la cobertura más adecuada a las distintas situaciones que aparezcan.
Si acercan a la Iglesia a los niños: acogerlos con cariño y procurar que la catequesis se ofrezca sin trabas a los niños adoptados por estas “uniones”.
Con normalidad e intentando explicar que la práctica de la religión es individual y libre en cuanto a su elección.
No deben adoptar niños, porque necesitan una estabilidad y la unión homosexual suele durar poco tiempo, según estadísticas.

6 – Sobre la educación de los hijos en las situaciones matrimoniales irregulares

a) ¿Cuál es en estos casos la proporción estimada de niños y adolescentes, en relación a los niños nacidos y educados en familias regularmente constituidas?
La proporción de niños y adolescentes en estas situaciones es todavía pequeña respecto a los niños procedentes de familias regularmente constituidas, pero es previsible que dicha proporción aumente considerablemente en los próximos años debido al fuerte incremento en la ruptura de matrimonios.
Se desconocen datos estadísticos, pero creemos que son menos los casos de matrimonios irregulares.
En nuestro entorno no tenemos datos concretos, pero en los colegios de algunas zonas se detectan hasta el 50% de niños que sus padres se encuentran en situación irregular. En el cómputo general esta proporción disminuiría.
Sin datos concretos estimamos un 20%.

b) ¿Con qué actitud los padres se dirigen a la Iglesia? ¿Qué piden? ¿Sólo los sacramentos o también la catequesis?
Muchos padres piden tanto los sacramentos como la catequesis porque ambos están unidos a la práctica religiosa. Otros simplemente quieren que sus hijos reciban los sacramentos como si fuese un acto social más y no quieren implicarse en la catequesis.
Hay de todo. Familias que no los bautizan y después los llevan a colegios religiosos y familias que los bautizan. La catequesis en el caso de pedirla normalmente sólo hasta que reciben el Sacramento. El bautismo no se puede negar aunque los padres se encuentren en situación irregular.

c) ¿Cómo las Iglesias particulares intentan responder a la necesidad de los padres de estos niños de ofrecer una educación cristiana para sus hijos?
Intentando llegar a estos niños a través de sus amigos, para que en un ambiente de amistad de juegos y actividades les lleven a descubrir los valores cristianos. A través de las catequesis familiares hay que intentar llegar también a los padres.
Los casos en que existe ese acercamiento, las iglesias intentan responder con naturalidad impartiendo la catequesis y administrando los sacramentos sin hacer ningún tipo de distinción, si bien teniendo en cuenta si existe algún caso en el que se deba de prestar especial atención y dedicación.
En el caso de que se acerquen a la Iglesia, los debería acoger el párroco de forma discreta, y verá cuál es la mejor manera de encauzarlos. Los abuelos pueden jugar un papel importante en este aspecto.

d) ¿Cómo se desarrolla la praxis sacramental en estos casos: la preparación, la administración del sacramento y el acompañamiento?
Si son aceptados como los hijos de familias regularmente constituidas, la praxis sacramental se desarrolla con total normalidad.
En los casos en que se desarrolle, es importante la normalización de la situación, no partir de una situación de culpa de los padres y procediendo con toda normalidad como en los demás casos.
Hay que mejorar la preparación de los que reciben los sacramentos y de los padres y padrinos en el caso del bautismo.

7.- Sobre la apertura de los cónyuges a la vida

a) ¿Tienen los cristianos un real conocimiento de la doctrina de la Humanae vitae sobre la paternidad responsable?
Las personas que intentan vivir su fe con mayor responsabilidad tienen las ideas bastante claras.
Otros, creemos que tienen una ligera idea, pero no se conoce bien y sólo se destacan los aspectos negativos. También hay un gran sector que no tienen conocimiento de la “Humanae vitae”
¿Qué conciencia se tiene del valor moral de los diferentes métodos de control de los nacimientos?
Pensamos que hay una conciencia bastante relajada y abunda en muchos casos la indiferencia y la ignorancia pero es importante atender a los casos particulares.
¿Qué profundizaciones podrían ser sugeridas sobre esta materia desde el punto de vista pastoral?
Convendría divulgar más los métodos naturales para regular la natalidad.
Es necesario que en las parroquias haya de alguna forma una especie de gabinete de planificación familiar, porque como no lo tiene la Iglesia lo tienen las instituciones civiles a su manera.

b) ¿Es aceptada la mencionada doctrina moral?
No es posible generalizar, en algunas familias sí se acepta. En otras, que son las que más airean sus ideas, son indiferentes. También hay un gran sector que no las aceptan y están en contra de la doctrina de la Iglesia.
¿Cuáles son los aspectos más problemáticos que dificultan la aceptación en la gran mayoría de los matrimonios?
Los métodos o medios anticonceptivos. La abstención de la sexualidad que puede conllevar el deterioro de la pareja.

c) ¿Qué métodos naturales son promovidos de parte de las Iglesias particulares para ayudar a los cónyuges a aplicar la doctrina de la Humanae vitae?
Billings y sintotérmico (temperatura basal, moco cervical y posición del útero).
No hay formación al respecto. Cada pareja organiza su planificación familiar y los métodos a utilizar.

d) ¿Cuál es la experiencia respecto a este tema en la praxis del sacramento de la Penitencia y en la participación en la Eucaristía?
No tenemos datos, la conciencia es muy particular. No se confiesa, respecto a este tema no se piensa que se esté cometiendo pecado alguno.

e) ¿Qué contrastes se detectan entre la doctrina de la Iglesia y la educación civil en relación a esta temática?
La educación civil lo admite todo, por tanto el contraste es muy significativo ya que la Iglesia habla de privaciones.

f) ¿Cómo se puede promover una mentalidad más abierta a la natalidad? ¿Cómo puede favorecerse el aumento de los nacimientos?
Desde la niñez y juventud con una educación adecuada. Con las personas adultas a través de actividades formativas como charlas, conferencias… siempre que sea posible acercar a los matrimonios a estas actividades. Si son de Iglesia no será difícil, la dificultad está en llegar a quienes no frecuentan la Iglesia.
Es preciso que la Iglesia en su catequesis y predicación aborde la educación afectivo-sexual ya que actualmente no se hace.
La natalidad se puede favorecer con políticas activas sobre la importancia del aumento de la natalidad; ayudas económicas por nacimiento y ayudas económicas y psicológicas a las mujeres embarazadas decididas a abortar.

8 – Sobre la relación que existe entre la familia y la persona

a) Jesucristo revela el misterio y la vocación del ser humano ¿La familia es realmente un ambiente privilegiado para que esto tenga lugar?
Sí, para nosotros, es la mejor, ya que en la convivencia de sus miembros hay libertad de expresión en todos los órdenes. Se comienza por un respeto al ser del otro como persona. El diálogo es frecuente y profundo. La familia es el mejor ambiente que existe para la formación del hombre. La familia sigue siendo, a pesar de las trabas que hoy le ponen, la mejor escuela de humanidad. Cristo se hace hombre para beneficiarse de la familia e igualarse a nosotros, en cuanto a vivir el ambiente familiar. Totalmente privilegiado. Es el primer lugar donde los padres influyen en esa concepción de Dios y la vocación del hombre. Es donde mejor se puede desarrollar. No captamos el significado de la expresión “misterio y vocación”, pero somos conscientes y creemos firmemente, que la familia es el lugar designado por Dios, para la realización del amor humano y para la contribución a su obra creadora.

b) ¿Qué situaciones críticas de la familia en el mundo actual pueden constituir un obstáculo para el encuentro de la persona con Cristo?
La desesperanza, el relativismo, el hedonismo de la sociedad actual… El hombre está recibiendo un sinfín de ofertas de felicidad y necesidades creadas que no le dejan tiempo para “encontrarse con Cristo”. Uno de los rasgos críticos o negativos de raíz y, que no es únicamente patrimonio del matrimonio cristiano, es la falta de autenticidad y de coherencia entre fe y vida.
La ruptura familiar, el consumismo, el empobrecimiento, falta de empleo… Son muchas las situaciones críticas. La que creemos principal es la crisis de fe, aunque también hay otras tales como: la crisis económica, separaciones matrimoniales, divorcios, la política (que no favorece en nada a los obstáculos que puedan surgir en la familia), la permisividad en la legislación, el aborto, las uniones de hecho y las otras nuevas formas de familia. Habrá que empezar por definir o ver qué son “situaciones críticas de la familia”. Si pensamos en términos económicos y volvemos la mirada a nuestra “crisis”, son muchas las familias que en situaciones extremas no reaccionan como lo hizo el Santo Job y caminan hacia el desencuentro. A “sensu contrario”, otras familias se acercan a Cristo, algunas por vía de la oración pidiendo ayuda; otras, más afortunadas económicamente, promoviendo acciones movidas por la caridad

c) ¿En qué medida las crisis de fe que las personas pueden atravesar inciden en la vida familiar?
En gran medida se percibe, muy generalizada, una gran desesperanza e incapacidad de reacción ante la adversidad. En estas situaciones predominan la angustia y la desilusión. Se recurre con facilidad a buscar entre la oferta de medios materiales de disfrute que ofrece la sociedad consumista, el evadirse de la realidad. Plenamente: Pueden ser causa de divorcios, contagian al resto de la familia pues es más fácil inclinar a lo malo que influir para lo bueno, el abandono de la vida cristiana que también puede arrastrar al resto de la familia, y sobre todo la ignorancia religiosa que le lleva a no valorar la vida de amor y de entrega mutua.

9.- Otros desafíos y propuestas
¿Existen otros desafíos y propuestas en relación a los temas tratados en este cuestionario que merezcan ser considerados como urgentes o útiles?

1. Dada la importancia que la familia representa para la sociedad y siendo la familia cristiana célula básica de la Iglesia, es urgente una pastoral familiar a todos los niveles y que los pastores consideren una prioridad, la atención, formación, acogida , orientación…, de los esposos cristianos. También trabajará en este sentido la comunidad eclesial, como lo vienen realizando los diversos Movimientos Familiaristas existentes.

2. El gran desafío pendiente es una seria preparación al matrimonio, ya que la que se da es insuficiente. Ello nos lleva a la necesidad de una catequesis que, más allá de la primera comunión y la confirmación, capte a los jóvenes para una profundización en la fe. Con la catequesis actual la juventud no puede hacer frente a los retos de una sociedad laicista y hedonista que promueve una sexualidad libre y el placer sin responsabilidad, potenciando la pastoral juvenil y universitaria. También es necesaria la catequesis de adultos en las parroquias.

3. Una parte importante de la pastoral familiar debería ir encaminada a procurar que las personas mayores se sientan acompañadas, queridas y atendidas por su comunidad eclesial en esa última etapa de su vida. Se echa en falta en la mayoría de las Residencias de ancianos cualquier clase de asistencia religiosa.

4. Promover a nivel diocesano Cursos de Orientadores Familiares para la formación de pastores y laicos, que prestarían su ayuda en las parroquias y centros especializados. Centros de Orientación para familias en situaciones conflictivas.

5. El cultivo y acompañamiento de las vocaciones matrimoniales, consagradas y sacerdotales de los hijos en la vida familiar, como algo esencial, no accidental, en la vida cristiana de los hijos. Granada (España) enero 2014