Oración en la familia


 

REFLEXIONES SOBRE LA ORACIÓN EN FAMILIA

La cuestión de partida.

En el libro de encuestas del pasado curso se nos hacía  una pregunta de este tipo: ¿Qué hacer, para neutralizar los efectos  nocivos de la propaganda de género a que estamos sometidos o a otras aberraciones, cada día más presentes en nuestra sociedad? Este problema suscita viva inquietud en muchos padres, como pudo comprobarse en las respuestas que sugirió, motivo por el cual, atendiendo al interés general, nos sirve de punto de partida para iniciar el tema.

Introducción al tema

Con respecto a nuestros hijos, que son los más expuestos a este bombardeo mediático, sin duda, somos los padres los primeros encargados de hacer efectiva esta neutralización y serán muchos los frentes desde los cuales tendremos que influir, atender, trabajar y cooperar, y uno de ellos, lo vemos como muy efectivo y completo, está en la oración en familia tal como la concebimos en su doble vertiente de unión con el Señor y amorosa cohesión entre los miembros de la familia.

Nos parece importantísima la prevención para contrarrestar los efectos nocivos a los que se refería  la pregunta y esta prevención se puede llevar a cabo con efectividad  desde esos momentos, planteados  en el tema, de confidencialidad con el Señor y con la familia reunida. Creemos que es este  lugar y medio privilegiado donde y como,  se pueden prevenir desviaciones posteriores que, cuando se dan, son bastante más difíciles de reconducir, puesto que requieren una conversión personal  sobre otros valores asumidos,  lo cual aunque posible, siempre es arduo y penoso. Por eso,  y esto es un factor importantísimo, hemos de asumir este hábito de la oración familiar en su doble vertiente divina-humana,  sin esperar a que los hijos crezcan. Porque a determinadas edades nos encontramos con dificultades: físicas, psicológicas, de grupo y ambientales que, aunque siendo de todos conocidas, las recordamos a continuación extractadas, en parte, de la obra del doctor  de la universidad de Cambridge David Bainbridge (1)

(1) Bainbridge DRJ. Teenagers: A Natural History (2009). Adolescentes: Una Historia Natural (2009). Portobello, London. Portobello, Londres.

I           PROBLEMAS CON QUE SE ENCUENTRAN LOS HIJOS

  1. 1) Condicionamientos fisiológicos y psicológicos

Los neurólogos dicen que el cerebro comienza a reorganizarse en la pubertad, lo cual explica sus inseguras actitudes. Para los adultos, los quinceañeros nos parecen estar sumidos en el caos. No obstante está comprobado que su actitud resolutiva alcanza pronto el nivel de cualquier adulto, pero que esta actitud lógica se pierde en cuanto intervienen en el proceso sus compañeros. En la mayoría de las personas que dependen del tabaco, el alcohol o las drogas se han iniciado en su consumo en la adolescencia, comprobándose que las zonas del cerebro que ejercen el autocontrol sobre los impulsos no están totalmente formadas en esa etapa de la vida. ¿Por qué los adolescentes sufren cambios de humor repentinos? Seguramente las descargas hormonales tienen algo que ver con estas situaciones, pero hay otro factor más definido; según la organización Sleep Scotland de Edimburgo: es la falta de sueño. En el caso de los púberes, se debe sobre todo a la gran cantidad de tiempo que dedican por las noches a los videojuegos, a la televisión, a internet y, añadimos, a las salidas nocturnas de los fines de semana. En general los adolescentes dependen más de la opinión de sus amigos que la de sus padres, parece esencial satisfacer las expectativas del grupo.

  1. 2) Condicionamientos sociales

Conociendo estos hechos y situaciones y sin perder de vista que la amistad y convivencia con sus compañeros es algo imprescindible para su madurez humana, lo que es importante resaltar es que, en esta época difícil, han de tener una seguridad de criterios respaldados por el núcleo familiar, que les sirvan de punto de apoyo para reaccionar correctamente ante cualquier situación, no deben encontrarse desamparados de modo que sean las decisiones de líderes, tan inmaduros como ellos, los que definan sus reacciones, puesto que serían como ciegos guiados por otros ciegos. Los fenómenos de comportamiento mencionados son algo que se da en mayor o menor grado en todos los adolescentes y si no se ven respaldados por el amor eficaz de la familia, padres, hermanos…, buscarán su apoyo en el grupo de colegas, un apoyo bastante cuestionable cuando no ineficaz o nocivo.

  1. 3) Descubrir  la necesidad del “otro” para el propio crecimiento.

No obstante, hay un idea generalizada de que los jóvenes han de autoformarse para ser ellos mismos. Pero, Benedicto XVI, sale al paso de estas teorías con estas palabras pronunciadas el pasado mes de mayo en la Asamblea General de los obispos de Italia: <… hay un falso concepto de autonomía del hombre; (porque se dice): debería desarrollarse por sí mismo, sin imposiciones de otros, los cuales podrían asistir a su desarrollo, pero no entrar en este desarrollo. (a lo cual el Papa opone): En realidad, para la persona humana es esencial el hecho de que llega a ser ella misma sólo a partir de otro, y el yo llega a ser él mismo sólo a partir del tú y del vosotros; está creado para el diálogo. Sólo el encuentro con el tú  y con el nosotros abre el yo  a sí mismo. Por eso, la denominada educación anti-autoritaria no es educación, sino renuncia a la educación>

 

II          LA ORACIÓN EN GENERAL.

  1. 1) Aspectos teológicos

La vocación de todo cristiano es la comunión con Dios (Gaudium et spes nº 19), tanto si su misión o estado de vida se desarrolla en el claustro, en el sacerdocio o en el matrimonio. Orar es estar con Dios, escucharle, contarle los problemas (pues Él se interesa por nosotros) y alegrarse y gozarse con su compañía (como un joven se alegra con su novia Is 62, 5)…Por eso en la oración ya se comienza a vivir esta vocación que un día será definitiva y total, pues la vida del hombre consiste no en hacer cosas, sino en conocer y amar a Dios (Catecismo de la Iglesia Católica nº 1)

La vida cristiana es una relación de amor con Alguien; y esa relación se mantiene viva con el diálogo de la oración.

Pero esta dimensión “personal” de la oración es imposible sin su dimensión comunitaria. Y si se ha aprendido a orar y se sigue aprendiendo es siempre en el seno de la comunidad (es decir en la Iglesia, Catecismo nº2623) Esto es especialmente cierto en los niños y jóvenes que tienen su primer lugar de iniciación a la oración en la comunidad cristiana que es su familia.

La expresión “Iglesia doméstica” referida a la familia, puede ayudarnos a entender qué es la oración en familia.

Cuando los esposos cristianos se casan en el seno de la Iglesia, pasan a ser una comunidad cristiana. Comunidad que se verá incrementada por los hijos que recibirán el bautismo en esa Iglesia y en esa comunidad cristiana que es su familia.

Toda comunidad cristiana es Iglesia. Tanto si se trata de un monasterio o un instituto de vida consagrada, un piso de religiosos, un colegio “de monjas” o una familia, todas estas comunidades de cristianos son Iglesia. Son la Iglesia Universal que se hace presente en un monasterio concreto, en una casa, en un piso, en un colegio o en un unifamiliar concreto.

Ya que la Iglesia ora, toda comunidad cristiana lo hace; si bien cada una según sus circunstancias concretas: de un modo las monjas contemplativas y de otras maneras las demás comunidades, adaptándose a su estilo de vida y a sus circunstancias concretas. Pero siempre es la oración de la Iglesia; no se trata de una iniciativa privada o de una ocurrencia puntual de cierta persona.

También los musulmanes o los budistas hacen oración, pero la oración cristiana es algo diferente: Cuando dos o más se juntan en nombre de Cristo, allí está él realmente en medio de ellos. Y el mismo Cristo hace suya la oración de estos dos o más. O sea, que ya no son estos dos los que oran al Padre, sino que es el mismo Cristo quien intercede ante Él por todos los hombres; es decir, es toda la Iglesia la que está orando, con Cristo a la cabeza. (Sacrosantum Concilium nº 98)

Esto es así también cuando se reza un padrenuestro con los niños en la cama o cuando se canta esta oración con guitarras en la misa de un campamento de jóvenes.

III         LA ORACIÓN EN FAMILIA QUE PROPONEMOS

  1. 1) La familia es iglesia “doméstica” (LG 11)

Así como la expresión más auténtica de la Iglesia es la oración litúrgica (alabanza, acción de gracias, bendición, súplica, etc… así también, la expresión más auténtica de la iglesia doméstica ha de ser también la oración en común u oración en la familia, para alabar, bendecir, agradecer, pedir, interceder, etc…  Cuando se trata de orar en familia, consideramos que, si bien en toda práctica o manifestación religiosa  Dios y el Prójimo no pueden separarse, con mayor motivo, esto ha de cumplirse en la oración en familia, ha de cumplirse especialmente entre nosotros y con nuestros propios hijos.

  1. 2) Encuentro con Dios y encuentro mutuo.

Para que la oración en familia sea un verdadero encuentro con Dios, se ha de dar también un encuentro entre todos los miembros de la familia (padres-hijos, hermanos entre sí, nietos – abuelos, etc) dándose una reconciliación mutua.

La 1ª de San Juan nos dice: quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.”1ª  Juan 4:20 Como orar es hablar con Dios, podríamos parafrasear: “si no hablas cordialmente con tus hijos  que ves cada día, ¿cómo puedes hablar con Dios al que no ves? “

 Por otra parte  Jesús, en el Evangelio de San Mateo nos dice: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»Mateo, 18, 20 Vemos que Jesús  da especial importancia a la oración comunitaria, al hecho de reunirse en su nombre y, reunirse en nombre de Jesús, es hacerlo en un clima de amor. Entre personas que se conocen, que conociéndose se aceptan tal cual son y que por conocerse y aceptarse se aman y la familia es, o debe ser, el ámbito ideal para que esto se cumpla. Por eso, bajo esta premisa, hemos de reunirnos siguiendo la norma evangélica que dice: “23Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano  tiene algo contra ti, 24 deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.” Mat.5:23-24 ¿De qué servirían unas largas y fervorosas plegarias rezadas en familia si no hay una cordial relación entre sus miembros? A esta doble y complementaria unión con Dios y entre los miembros de la familia puede llegarse con una comunicación interpersonal y colectiva, para así conocerse, apreciarse, comprenderse,  quererse y esto se consigue a través del diálogo, con ese doble diálogo que proponemos humano y divino, con Dios y entre nosotros. Ciertamente, para que el diálogo con Dios y con nuestra familia sea real y efectivo hace falta crear  un hábito con la ayuda de un espacio adecuado y a una hora aceptada y querida por todos para lograr ese clima necesario para la confidencia, para la apertura, para la puesta en común, para el real intercambio personal de pareceres, para el planteamiento de problemas y ayudas eficaces para su resolución.

  1. 3) El fin de la oración en familia.

Con la oración familiar buscamos lograr la madurez cristiana y humana para nuestros hijos y para nosotros mismos desarrollando nuestra propia vocación de padres cristianos en nuestra misión ineludible de ser transmisores de la fe y de los valores humanos. Esta madurez que consiste en vivir de  fe, de esperanza y de caridad, o sea: creyendo en Dios y creyendo en los que nos rodean, dándoles responsabilidades de acuerdo con sus capacidades, esperando todo de Dios pero con la esperanza puesta en marido, mujer, hijos, y amando a Dios y al prójimo de todo corazón, comenzando por los más próximos con los que convivimos. Nuestra oración familiar por muy perfecta que sea en sus formas, carecería de valor real, si no se propone y busca lograr la fe, la esperanza y la caridad asumiendo sólidamente estas virtudes en el seno de la familia para que su práctica en la sociedad sea un hábito personal exento de complejos como consecuencia de estar ordinariamente asumido y practicado de forma natural en el devenir familiar cotidiano. Eso sí, evitando totalmente que el núcleo familiar sea un ente cerrado en el que, como Pedro en la Transfiguración, tratemos de aislarnos del exterior por encontrarnos confortablemente instalados, sino que sea el lugar donde nos nutramos de sólidos criterios de humanismo cristiano  para afrontar el combate diario.

 

IV         CONSEJOS PRÁCTICOS

a)   Actitudes

La oración en familia ha de realizarse cada día y ha de ser atractiva por su cordialidad, por la comunicación  que supone el que, antes, después o en medio de las plegarias, cada cual tenga la libertad de expresar sus pesares,  problemas, necesidades, miedos y alegrías diarias. El clima ha de ser de tal modo distendido que los hijos puedan asumir los juicios constructivos y respetuosos de los padres y los padres recibir serenamente las sinceras críticas de los  hijos, tratando de ser coherentes con lo que tratan de inculcar. El que los padres tengan la humildad de reconocer sus propios errores delante de los hijos, es el medio más eficaz de ganarse el aprecio de los hijos y de reforzar el sentido de autoridad.

b)   Contenido formal

Respecto al contenido formal, puede ir variando, desde las oraciones puramente infantiles de los primeros años, para pasar posteriormente, por ejemplo,  a una fórmula semejante a “completas” y también contemplando y o comentando el pasaje evangélico de la misa del día, o dándole el formato de “lectio divina” con sus partes (statio, lectio, meditatio, oratio contemplatio) , aunque siempre con un repaso de las cosas buenas y malas que cada uno podíamos  haber hecho o dejado de hacer durante el día (Examen de conciencia: común a veces o privado),  sin faltar la alabanza, acción de gracias, bendición, súplica , etc

  1. c) Clima y dirección

En los primeros años,  la oración la pueden dirigir  los padres y más adelante es recomendable que los hijos tomen ellos sus propias iniciativas, que sean ellos los que manden. Cosa muy importante, principalmente cuando los niños son pequeños, es centrar  su atención  con  una imagen de María o Jesús,  con alguna vela encendida y ocasionalmente haciendo una pequeña fiesta con  luces o guirnaldas o farolillos o,  si se hace la  oración después de la cena, (si es que este parece el momento más adecuado), terminar la pequeña celebración con la sorpresa de un sencillo dulce o postre especial. Por supuesto, en cualquier caso, con la T.V. apagada en toda la casa

  1. La novedad que quizá se aporte lo que proponemos. 

Lo que quizá pueda aportar de más novedad en lo que proponemos,  es que la oración en familia no sea sólo la mera recitación de oraciones vocales o la meditación de un texto reunidos en familia, que ya es un logro,  sino con la complementación, dentro de este ámbito, con ese espacio sin límite de tiempo,  de intercambio personal y cordial sobre temas varios , trascendentes o meramente humanos, entre todos sus miembros,  en un clima distendido que permite la apertura personal, la participación, la colaboración donde muchas veces sean los  propios hermanos los que aclaren los conceptos al que pudiera estar  algo despistado o equivocado sea  hermano, hermana padre o madre o abuelos y que estas aclaraciones puedan hacerse con sencillez y amor.

V          OTROS CASOS

Por distintas circunstancias, no en todos los casos  o familias  puede darse la oración tal cual la proponemos, pero también es oración en familia; dar gracias a Dios en las comidas, rezar el rosario alguna vez o uno de sus misterios todos reunidos, ir a misa los domingos toda la familia, y muchas otras prácticas igualmente gratas a Dios y que además ayudan a mantener y acrecentar la deseada cohesión familiar salvaguardia de valores humanos y divinos.

VI         LA ORACIÓN EN FAMILIA DE LOS ABUELOS

Tal como planteamos este tema, puede crear cierta intranquilidad en las personas mayores  tendentes a pensar sobre su pasado: “debiéramos haber hecho…” “no lo hicimos bien” “etc.” Ideas que debemos rechazar.  El pasado,  pasado está y con nuestros hijos hicimos lo mejor que pudimos o supimos hacer, ahora tenemos un presente en el que se nos piden otras cosas. Como dice el Eclesiastes “Todo tiene su tiempo y sazón: y un momento bajo el cielo para hacer cada cosa: hay un tiempo de nacer y otro de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; etc. El tiempo para educar a nuestros hijos ya ha pasado, ahora es el tiempo de que ellos  sean educadores de nuestros nietos, nuestra importante labor la recoge con exactitud Benedicto XVI en su alocución en Valencia en la vigilia del 8 de julio de 2006 cuando nos dice: “Los abuelos pueden ser -y son tantas veces- los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Ojalá que bajo ningún concepto sean excluidos del círculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe ante la cercanía de la muerte”. (Papa Benedicto XVI, vigilia 08-07-06). Por tanto,  también se nos pide y con mayor razón en esta etapa de la vida, hacer oración familiar cada día, tenemos que rezar mucho y por muchos. Ahora, jubilados, con todo el tiempo para nosotros, podemos dedicarlo el uno para el otro y los dos para todos y para el Señor. La oración en familia ha de centrarse  en primer lugar en nosotros como matrimonio y siguiendo con esa doble vertiente humano-divina. Siendo consuelo y comprensión mutua en nuestros achaques y  presencia de Dios vivida con el otro y a través del otro, que nuestro mutuo amor crezca hasta límites inconcebibles por estar unido al amor infinito de Dios, siendo así luz en la tierra para nuestros hijos, para nuestros nietos… Que vean a través de nuestro ejemplo, de nuestro testimonio, que orar en familia tiene frutos admirables de valor infinito, que en nuestras celebraciones,  reuniones, vacaciones en común o cualquier otro evento que reúna las distintas generaciones, surja la oración familiar no como una imposición de los abuelos sino como una necesidad vital deseada por todos como necesaria para disfrutar de nuestra unión compartiendo criterios, problemas, soluciones, ayudas, amor de Dios. Que, de esta manera, los mayores seamos, como dice Benedicto XVI  testimonio de fe ante la cercanía de la muerte. Necesariamente, llega un día, para muchos ya ha llegado, en que, en nuestro matrimonio, uno de los dos salga de esta vida y será entonces cuando la oración en familia, con el marido o con la mujer que se fue, sea más necesaria, será el momento de sentir su presencia, sus cariños, su amor que unido al infinito llene nuestra soledad de trascendente consuelo volviendo a ser en este estado luz y testimonio para todos.

VI         PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

¿Asumimos la necesidad de la oración en la vida de un cristiano? Aportar razones. 

Si nuestra respuesta es afirmativa. ¿Cómo la desarrollamos nosotros en la práctica?

  1. ¿Hacemos oración personal?
  2. ¿Hacemos oración conyugal?
  3. ¿Hacemos oración en familia?

Comentad en el equipo como hacemos cada uno de estos tres tipos de oración.

¿En su  práctica, nos dejamos llevar por la rutina o somos creativos?

¿Somos constantes o pensamos que es algo opcional? Razonar la respuesta.

¿Vemos importante el hecho de rezar en familia? Aducir motivos.

¿Realizamos o vemos posible realizar en nuestra familia el tipo de oración que se plantea en el tema? ¿Se encuentran dificultades? ¿Cuáles son?

VII  ORACIÓN Salmo 18. 2,5

Hemos tomado este salmo, porque es una oración de escucha y en el diálogo con Dios y con la familia que proponemos, quizá, lo más difícil, es escuchar. Con los demás, tendemos a proponer  y tratar de que prevalezcan nuestros criterios y con Dios también somos inclinados a que sea la voz de nuestros deseos la única que se oiga,  y si no escuchamos ni a los demás ni a Dios, no habrá diálogo, no habrá verdadera oración

Los cielos cuentan la gloria de Dios,

El firmamento anuncia la obra de sus manos

El día al día comunica el mensaje,

La noche a la noche le pasa la noticia.

Sin hablar y sin palabras,

Y sin voz que pueda oírse,

Por toda la tierra resuena su proclama,

Por los confines del orbe sus palabras.

¿Qué te sugiere la lectura de este salmo?